Cartas de Lectores publicadas en Diario NORTE (Resistencia, Chaco: 2009 – 2012)

7 de mayo de 2012

Horacio Verbitsky no debería olvidarse de Claudio Mendoza

Señor director de NORTE:

Habiendo sido asesor del fallecido diputado nacional Claudio Mendoza me veo obligado a señalar inexactitudes recientemente publicadas en Página/12 por el presidente del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), Horacio Verbitsky. En su artículo cuestiona el contenido del libro “Disposición Final” de Ceferino Reato y hace un raconto de la historia de los derechos humanos en el país. Le asiste todo el derecho del mundo a opinar sobre el libro que quiera, pero no tiene derecho a querer hacer creer a la gente que los únicos que en la Argentina levantaron las banderas de los derechos humanos fueron los organismos de derechos humanos.

No tiene derecho a poner un manto de olvido sobre todo cuanto en la materia se hizo en el Congreso Nacional de la mano de hombres como Claudio Ramiro Mendoza.

Aunque, justo es reconocerlo, un vez Verbitsky acertó. Fue cuando en otro artículo del 17 de agosto de 2003 destacó que el entonces presidente Kirchner firmó un decreto ordenando comunicar a las Naciones Unidas que en 1995 el Congreso había ratificado la Convención sobre Imprescriptibilidad de los crímenes de guerra y de lesa humanidad.

Pero, ¿quién propuso la aprobación de aquella Convención? ¿Cuáles fueron las circunstancias que favorecieron su aprobación? ¿Por qué se demoró ocho años en depositar ante las Naciones Unidas el referido instrumento de ratificación?

Respondí dichos interrogantes el 3 de noviembre de 2010 en una carta de lectores titulada “Leyes de punto final y de obediencia debida: un chaqueño, Claudio Mendoza, marcó el camino”, que gentilmente NORTE publicó. Si queremos hacerle justicia a la historia de los derechos humanos en el país no es bueno ni justo olvidarse de aquel inolvidable legislador chaqueño. Hombre sencillo y militante de pura cepa, no sólo fue el creador y primer presidente de la Comisión de Derechos Humanos y Garantías de la Cámara de Diputados de la Nación, sino que además tuvo el coraje de impulsar su loable iniciativa en un ambiente que le era decididamente adverso.

ILDEFONSO M. THOMSEN
(Asesor de la diputada nacional María Inés Pilatti Vergara)
Congreso de la Nación

3 de abril de 2011

La trata de personas exige un compromiso de toda la sociedad

Señor director de NORTE:

Hace pocos días, en la apertura de la “Semana de la Memoria”, se realizó una charla en la Casa de las Culturas, organizada por la Subsecretaría de Derechos Humanos de la provincia, referido a “Derechos Humanos y Trata de Personas”. Nada más oportuno, ya que, como bien señaló la jueza federal Zunilda Niremperger, este flagelo exige el compromiso no sólo del Estado- sino de toda la sociedad.

Más aún cuando el Informe sobre la Trata de Personas 2010, elaborada por la Oficina para Supervisar y Combatir la Trata de Personas del Departamento de Estado de los Estados Unidos de América (The Protection Project, Universidad Johns Hopkins), coloca a nuestra República entre los 14 países en que se ha incrementado este vil comercio de seres humanos entre 2009 y 2010.

Es así que recomiendo la lectura de un libro recientemente publicado en nuestro país, escrito por una periodista, activista social y escritora mexicana: Lydia Cacho. Esclavas del poder: un viaje al corazón de la trata sexual de mujeres y niñas en el mundo. Buenos Aires: Debate, 1ª edición, 2011, 318 páginas.

¿Por qué? Porque contextualiza la problemática a nivel internacional, siendo que la globalización conlleva consigo misma la formación de redes mafiosas dedicadas a la esclavización humana.

Por otro lado, porque denuncia a un argentino que, habiendo actuado durante la dictadura cívico-militar de 1976-1983 en nuestro país, hoy, desde México, regentea prostíbulos vip que trafican mujeres y niñas de todo el orbe. Y, por último, porque señala como cada uno de nosotros podemos contribuir a hacer visible y combatir la trata de personas.

El 1º de agosto de 2002, el Congreso Nacional argentino sancionó la Ley 25.632, que aprueba la Convención Internacional contra la Delincuencia Organizada Transnacional y sus protocolos complementarios para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños y contra el tráfico ilícito de migrantes por tierra, mar y aire.

Es decir, el Estado argentino se ha comprometido internacionalmente a combatirlo.
Por eso, celebro esta iniciativa de la Subsecretaría de Derechos Humanos provincial. Corresponde que todos, como sociedad, nos involucremos en la defensa de los derechos humanos y las libertades fundamentales.

ILDEFONSO MIGUEL THOMSEN
Cámara de Diputados de la Nación
Buenos Aires

3 de noviembre de 2010

Leyes de punto final y de obediencia debida: un chaqueño, Claudio Mendoza, marcó el camino

Señor director de NORTE:

Por iniciativa del ex presidente Néstor Kirchner, el 20 de agosto de 2003 el Congreso Nacional aprobó la anulación de las leyes de punto final (23.456), de obediencia debida (23.521) y otorgó jerarquía constitucional a la Convención sobre la imprescriptibilidad de los crímenes de guerra y de los crímenes de lesa humanidad, adoptada por la Asamblea General de la ONU el 26 de noviembre de 1968 (ley 25.778).

Anteriormente, el Poder Ejecutivo, por decreto 579/2003 de fecha 8 de agosto de 2003, había decidido concluir con los trámites necesarios para depositar en la Secretaría General de las Naciones Unidas el pertinente instrumento de adhesión de este instrumento internacional, por parte del gobierno argentino.

Este era el paso que faltaba para la plena vigencia de la convención que, por ley 24.584 había sido aprobada por el Congreso Nacional el 1 de noviembre de 1995, es decir, hacía ya casi ocho años.

¿Por qué, durante todo ese tiempo, no se había depositado el instrumento de adhesión ante las Naciones Unidas? ¿En qué circunstancias el Congreso Nacional había aprobado esa convención internacional? ¿De quién fue la iniciativa?

Es aquí donde cabe destacar la valentía y visión de un diputado nacional de la provincia del Chaco, quien no dudó en aprovechar la oportunidad política de avanzar la causa de los derechos humanos. Me refiero al fundador y primer presidente de la Comisión de Derechos Humanos y Garantías de la Cámara de Diputados de la Nación, el doctor Claudio Ramiro Mendoza, a quien tuve el honor de asesorar en 1994 y 1995.

Estos son los hechos: en 1994 dos acontecimientos conmocionaron la opinión pública nacional e internacional. Por un lado, las declaraciones en Bariloche del ex capitán de las SS Erich Priebke al periodista de la cadena televisiva norteamericana ABC Sam Donaldson, admitiendo su participación en la Masacre de las Fosas Ardeatinas, en Italia, en 1944, en donde fueron asesinados 335 civiles. Por el otro, el cruento atentado terrorista en Buenos Aires contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) del 18 de julio.

Ante la resultante indignación generalizada, el presidente Carlos Menem le prometió al entonces presidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), Rubén Beraja, que enviaría esa convención internacional al Congreso Nacional, para su aprobación.
Cuando leí esta noticia en el diario, enseguida recordé de qué se trataba. Pues cuando ingresé a la Cámara de Diputados de la Nación, en enero de 1984 -acompañando al diputado nacional y vicepresidente del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), Augusto Conte-, le había propuesto presentar un proyecto de ley ratificando esa convención. Pero, en ese momento, con el argumento de que aún no se había realizado el juicio a las juntas militares. Conte lo consideró inoportuno por el simple hecho de que no recibiría aprobación legislativa.
Pero, diez años después, se abría una puerta. Alentado por Emilio Mignone, presidente del CELS, le propuse a Claudio Mendoza “puentear” al presidente Menem y presentar el proyecto aprobatorio de la convención en la Cámara de Diputados. Es así que, el 28 de julio de 1994, el diputado Mendoza presentó el correspondiente proyecto de ley con el acompañamiento de dos colegas, el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto, Florencio Aceñolaza (Partido Justicialista Tucumán) y Elsa Nelly (UCR Capital Federal), ex vice-canciller de Raúl Alfonsín.

¿Por qué, hasta la aparición de Néstor Kirchner, ningún presidente argentino presentó el instrumento de adhesión ante las Naciones Unidas? Porque desde las Fuerzas Armadas se temía que aceptando la jurisdicción internacional, se derrumbarían las leyes de impunidad, abriendo la caja de Pandora judicial para los crímenes cometidos durante la última dictadura cívico-militar.

Por eso no es casualidad que el depósito ante las Naciones Unidas del instrumento de adhesión argentino a la Convención sobre la Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de los Crímenes de Lesa Humanidad haya coincidido con la anulación de las leyes de punto final y de obediencia debida. La decisión política fue de Néstor Kirchner. Claudio Ramiro Mendoza marcó el camino.

ILDEFONSO MIGUEL THOMSEN
Asesor del diputado nacional Antonio Morante
Cámara de Diputados de la Nación
Buenos Aires

30 de junio de 2009

Mi aventura chaqueña con Claudio Ramiro Mendoza

Señor director de NORTE:

En un excelente reportaje de Vidal Mario a Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, publicado el domingo pasado en ese prestigioso periódico, se hace referencia a las virtudes personales y cualidades parlamentarias del recordado diputado nacional chaqueño Claudio Ramiro Mendoza.

Doy testimonio de que así como se lo describe en la nota, así era Claudio Mendoza. Puedo dar fe de ello porque fui su asesor en cuestiones de relaciones internacionales entre los años 1994 a 1995.

Regresé al país en 1972, tras una ausencia de casi 20 años y comencé a trabajar con Emilio Mignone, siempre en el marco de mi manejo del idioma inglés y de mi título de licenciado en Relaciones Internacionales. En 1976 me tocó vivir el secuestro de una de las hijas de Mignone, Mónica. A partir de aquel suceso mis conocimientos de inglés sirvieron para preparar material a ser difundido en el exterior sobre la tragedia argentina.

Pasé después a la fundación CELS, donde conocí a Augusto Conte, quien al candidatearse a diputado nacional en 1983 por la Democracia Cristiana de la Capital Federal me invitó a sumarme a su equipo de campaña. Y cuando obtiene su banca me ofrece entrar a trabajar con él.

Así que entré como empleado permanente en la Cámara de Diputados, hace ya 25 años.
¿Cómo llegué a trabajar con Claudio?. Ahí entran en juego mis propios derechos humanos. A fines de 1993 le diagnostican cáncer de páncreas a mi madre (mi padre ya había fallecido) y, por ser hijo único tuve la necesidad de dedicarme a su cuidado en casa. Me habían asegurado que no viviría más de un mes. Vivió cuatro.

Realmente necesitaba quedarme en casa para atenderla. Ahí recurrí a Emilio Mignone, quien me hizo pedir una reunión urgente con Claudio en su despacho. Me metió en un taxi, fuimos al Congreso y me hizo esperar afuera. Cuando Claudio me atendió, escuchó atentamente mi problema y me contestó que me quedara tranquilo, que iba a pedir mi pase a su despacho.

Así fue como comencé mi ‘aventura chaqueña con Claudio Mendoza. Posteriormente a trabajar con Claudio, me especialicé en Europa donde, gracias a mi experiencia en la Cámara de Diputados, se me abrieron muchas puertas. Claudio fue el gestor de mi transformación académica en materia de derechos humanos, y ésta es la tecla que sonó en mis oídos al leer el reportaje a Estela de Carlotto. En 1997, a mi regreso de Europa, pasé a trabajar con el diputado Juan Carlos Ayala y, actualmente, soy asesor del diputado nacional, también chaqueño, Antonio Morante.

Quisiera terminar con ésta anécdota: Mi madre era de ascendencia irlandesa (McKeon). Al fallecer ella, le preparé a Claudio cuatro proyectos de resolución dedicados a la colectividad irlandesa en la Argentina. Uno de ellos era una solicitud al Poder Ejecutivo para que invitase a la entonces primera Presidenta de Irlanda, Mary Robinson, reconocida defensora de los derechos humanos y posterior Alta Comisionado de los DD.HH. en la ONU, a visitar la Argentina. Hasta entonces, ningún presidente de Irlanda había visitado la Argentina. Cuando la Cámara de Diputados lo aprobó, lo mandé a todos lados, inclusive a la Casa de Gobierno de Dublín.

El primer resultado fue que “The Buenos Aires Herald” le dedicó una nota periodística, a página entera, a Claudio, titulado “The “Shamrock” Deputy”. Estaban sorprendidos de que un chaqueño dedicase cuatro proyectos a los irlandeses.

La frutilla del postre vino cuando la presidenta de Irlanda visitó Buenos Aires. Claudio y la diputada Silvia Martínez, la otra firmante del proyecto, fueron invitados a la recepción de honor en el Hotel Alvear y a una posterior audiencia privada con la presidenta. La presidenta quería conocer al fundador y presidente de la Comisión de Derechos Humanos que había dedicado un proyecto, de resolución a su trayectoria.

Agradezco al señor director la posibilidad que me ha dado de compartir, a través de la presente, estos recuerdos tan gratos para mi.

Licenciado ILDEFONSO THOMSEN
Riobamba 25 -Piso 13- Oficina 1344
Cámara de Diputados de la Nación
Buenos Aires

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